martes, 15 de noviembre de 2011

LA CAIDA DEL PRIMER DIENTITO -EL RATÓN PEREZ CON DIPLOMAS Y CUENTITO

Se le ha caído un diente
Sucede por primera vez entre los 5 y los 6 años

La caída del primer diente es un acontecimiento que hay que celebrar con alegría, pero ¿los 5 años no es una edad muy temprana para empezar a perderlos?
La sustitución de los dientes de leche por los definitivos (más fuertes y duros) no se produce en una fecha concreta y determinada, y aunque es cierto que suele comenzar a los 6 años, hay niños que empiezan a cambiar las piezas un año antes.

El motivo por el que se adelanta esta pérdida suele ser genético: si alguno de los padres cambió los dientes precozmente, es muy probable que el niño herede esta característica.

También se sabe que si al pequeño le salieron pronto (con menos de 5 meses), lo más seguro es que los cambie antes que la mayoría de los niños de su edad.

Las primeras piezas que debería cambiar tu hijo son los incisivos centrales inferiores. Después, los superiores. Si no es así, conviene que le lleves al odontopediatra.

La pérdida precoz de otros dientes (es muy poco habitual) puede modificar la posición de las demás piezas, algo que el especialista se encargará de evitar colocando al pequeño uno o varios “mantenedores de espacio” (no duelen ni molestan).

CUIDADOS DIARIOS
Para que la erupción dentaria definitiva se produzca sin problemas, advierte a tu hijo que no debe tocarse la mella con el dedo.

Ten en cuenta que los dientes permanentes se sitúan en el hueso, por detrás de los de leche, y después la musculatura de la lengua ayuda a colocarlos en su lugar definitivo, por lo que no es conveniente que las malas costumbres del pequeño interfieran en el proceso.

También deberás ayudarle a consolidar los hábitos de higiene y cuidado bucal que le estás inculcando desde que cumplió los 2 años: tienes que acostumbrarle a lavarse muy bien los dientes después de cada comida (sobre todo después de la cena), con un cepillo de cerdas suaves y un dentífrico infantil, procurar que no abuse de las chucherías ni de los alimentos dulces, evitar que muerda cosas duras (el lápiz mientras pinta, por ejemplo) y, por supuesto, que no recurra a chuparse el dedo como forma de consuelo.

SENTIMIENTO DE TRISTEZA
La mayoría de los niños viven la pérdida de su primer diente con alegría, pues interpretan el hecho como una señal de que se están haciendo mayores (el mundo de los adultos les fascina).

Pero algunos lo viven con sentimiento de pérdida y, además, piensan que están feísimos con la boca mellada.

Si es el caso de tu hijo, explícale que esto que le ha ocurrido es algo normal, que de ahora en adelante a todos sus amigos va a pasarles lo mismo y que tiene un aspecto muy simpático.

Háblale con ilusión del ratoncito Pérez y explícale que su trabajo consiste en compensar a los niños con regalitos por la pérdida de los dientes.

Verás cómo en seguida deja de verse tan feo y esta noche se duerme enseguida, pensando en lo que va a traerle ese amigo diminuto tan especial, a cambio de su diente de leche.

Al niño se le mueve un diente

No te sorprendas si a tu hijo se le empieza a mover algún diente. Ya tiene edad para ello... y para que el Ratoncito Pérez entre en su vida. ¿Qué significa este simpático y entrañable personaje para los niños?

¡ENHORABUENA!
La creencia en una magia compensadora (el ratoncito cambia los dientes por monedas o regalitos) y hace que los niños vivan la caída de sus dientes como algo positivo. No es un logro fácil, pues suelen vivir la pérdida de cualquier parte de su cuerpo con bastante angustia. Por eso no quieren que les cortemos el pelo ni las uñas.

Sin embargo, al comprobar que al perder algo obtienen una recompensa, se tranquilizan. Parece que hay un orden superior que se responsabiliza de que la pérdida de su diente sea recompensada. No sería lo mismo si fueran los padres quienes les dieran el regalito, porque los niños ya saben que los padres pueden dar y quitar. La existencia de un ser mágico los reconforta mucho más, como ocurre con los Reyes Magos o con Papá Noel.

Por todo ello es bueno dejar que los niños crean en estos seres superiores y no revelarles el secreto hasta que ellos mismos empiecen a dudar.

“NO TE LO TOQUES”
Algunos pequeños están todo el día tocándose el diente que se les mueve. Por un lado desean perderlo (saben que es señal de que se están haciendo mayores) y por otro les da miedo (por lo desconocido). Puede que incluso lleguen a obsesionarse con el tema. Lo mejor es mantener la paciencia, ilusionarnos con ellos y advertirles que no se lo toqueteen tanto ni intenten arrancárselo, porque además de dolerles, pueden hacerse una herida en la encía y, en el peor de los casos, dañar el diente que tienen debajo.

Una vez que pierden el diente hay que recordarles que no se toquen la mella con las manos sucias. Dejar que el diente nuevo crezca a su aire es el modo más eficaz de prevenir que se les tuerza y de evitar infecciones.

DIPLOMAS




El cuento del Ratoncito Perez.

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