martes, 25 de octubre de 2011

EL NIÑO INQUIETO

. Los niños pequeños son normalmente inquietos y excitables. Su vitalidad simplemente forma parte del ser joven. Aunque pueda ser cansado, no es nada de lo que preocuparse.
A veces los niños pequeños pueden ser tan activos y ruidosos que hacen la vida difícil a sus padres y a otros niños. Un niño así puede ser exigente y excitable y “agotar al más valiente”. Puede ser ruidoso, no hacer lo que se le dice y tener dificultades para estar quieto sentado. Los adultos pueden decir que el niño es hiperactivo, pero el problema con esta palabra es que la gente la usa para describir desde lo que podrían ser alborozos normales de un niño a conductas peligrosas como el abalanzarse sobre una carretera con tráfico. Puede que el niño sea demasiado activo en lugar de hiperactivo.

¿Que hace a un niño muy activo?

Hay muchas cosas que pueden hacer a un niño demasiado activo. Las que siguen pueden darte alguna pista sobre la explicación de la conducta de tu hijo. Encontrar las razones puede ayudarte a averiguar soluciones al problema.

Ser padres      Si los padres son infelices, están deprimidos, o preocupados, tienden a prestar menos atención a sus hijos. Puede que vean que no pueden pasar el tiempo necesario para ayudar a sus hijos a jugar de forma constructiva y cuando lo pueden hacer, se pasan casi todo el tiempo diciéndoles que se callen. Los niños aprenden de esto que deben ser traviesos o ruidosos para conseguir algo de atención de su madre o padre.

Reglas poco claras        Es importante tener reglas sencillas sobre lo que está y no está permitido. Si nunca se dice lo que está permitido o no, los niños pueden aprender a librarse de lo que no les gusta siendo ruidosos o  comportándose de forma inadecuada. Puede ayudar a los padres y a los niños el tener unas pocas reglas pero que sean muy claras. Si ambos padres se involucran, necesitan estar de acuerdo sobre estas reglas y ser consistentes y justos cuando digan “no”. Esto ayudará a los niños a saber que se espera de ellos y aprender autocontrol (ver hoja informativa 2 sobre buenas pautas educativas y hoja informativa 4 sobre problemas de conducta).

Temperamento Todos nacemos con diferente temperamento. Algunos niños son más vivos, ruidosos y extrovertidos que otros. Puede que prefieran salir a la calle y estar con gente antes que leer un libro tranquilamente o jugar solos con sus juguetes. Frecuentemente, los niños que son así de activos son también excitables, y pueden pasarse de la raya mientras juegan. Aunque esto puede ser molesto, no hay nada de lo que preocuparse pero puede que necesites ayuda para buscar la forma de ayudar a tu hijo a que se calme.

Problemas de aprendizaje     Algunos niños tienen dificultades para aprender cosas que a otros niños les parecen fáciles. Pueden necesitar ayuda especial en la escuela. Puede que parezcan muy pequeños para su edad y que no se puedan concentrar en el trabajo escolar o controlar su conducta tan bien como los otros (ver hoja informativa 10 en discapacidad de aprendizaje generalizada).

Problemas de audición Un oído taponado es un ejemplo frecuente de un problema de audición. Si un niño tiene un oído taponado puede no oír lo que  otras personas le dicen. Tenderán a gritar y querrán subir mucho el volumen de la televisión.

Comida   Algunos niños parecen reaccionar a algunos alimentos volviéndose inquietos e irritables. No es tan común como algunas personas piensan, pero a veces puede ser un problema real.

Si estás preocupado con la posibilidad de que tu hijo padezca de un trastorno de déficit de atención e hiperactividad o trastorno hipercinético, consulta la hoja informativa 5 sobre TDAH y trastorno hipercinético para más información.

¿Como puedo conseguir que mi hijo se calme?

Asegúrate que pasas tiempo con tu hijo a solas, así sabrá que estás interesado en él. Esto te dará la oportunidad de planificar y premiar su conducta.
  
Pasa tiempo con tu hijo haciendo algo que a él le guste. Establece una rutina y planifica lo que va a estar haciendo durante el día o el fin de semana. Puedes reservar algo de tiempo para juego enérgico y ruidoso, así consumirán parte de su energía. También puedes buscar periodos de tiempo donde esperes que jueguen tranquilamente solos.

Aprovecha cualquier oportunidad para premiar a tu hijo. Se lo más claro posible. Es vital que ellos entiendan exactamente lo que han hecho para agradarte. Por ejemplo, “has estado tan tranquilo jugando tu solito…, que chico más bueno eres” ó “que buen futbolista eres”.

¿Dónde puedo conseguir ayuda?

La conducta vivaz y excitable de los niños es un problema común para los padres. Si tu hijo tuviese un problema con la audición o hubiese tenido alguna reacción a la comida, tu médico de familia será capaz de ayudarte. Si este piensa que pudiera existir un trastorno de hiperactividad o una dificultad del aprendizaje, te derivará a un psicólogo clínico, un pediatra o un psiquiatra infantil


Existen muchos tipos de niños: tranquilos, sagaces, reservados, comunicativos, inquietos..., un solo adjetivo es insuficiente para describir a un niño, pero nos sirve para buscar patrones de actuación: contrarrestar actitudes, estimular acciones, evitar problemas futuros, etc. Por ejemplo, no debemos tratar igual a un niño con fuerte carácter que otro más tranquilo o calmoso..., cada niño es diferente y debemos tratar de no agravar conductas muy marcadas a través de diferentes juegos y tratos.

Son muchos los papás que se ven desbordados ante un niño inquieto o nervioso. A veces miran con envidia a los padres que tienen niños más tranquilos, porque suelen tener más facilidad para centrarse y cuya demanda de atención de sus padres suele menor, pero quizás por ello también sean más apáticos. El niño nervioso, por el contrario, suele tener una buena disponibilidad para juego y una actividad inagotable. Debemos guiar y elegir sus juegos y actividades para poder contrarrestar su nerviosismo e agitación naturales con relajación y tranquilidad.  A los niños con estas dosis elevadas de inquietud y energía, debemos ofrecerles actividades y juegos apropiados para proporcionarles además de diversión, relajación o quietud. ¡He conocido niños a los que los juegos les ponen todavía más nerviosos! Si ya estaban alterados antes de ponerse a jugar, luego pueden llegar a subirse por las paredes. Los juegos más indicados para los niños activos son aquellos que tienen como marco un escenario natural: paseos por el campo para coger piñas, hojas, castañas, piedras..., cazar mariposas o saltamontes, tirar piedras al río, construir hormigueros, subir cimas, disfrutar de la nieve, jugar con la arena, jugar con el agua, realizar deportes como jugar a la pelota, saltar a la comba..., juegos que le cansen y con los que puedan liberar sus energías sin ponerles nerviosos. Como entre semana no podemos salir al campo, y deben jugar en casa, pueden pintar las piñas recogidas, clasificar las piedras, realizar collages con las hojas, cuidar los bichos recolectados... actividades que les motiven y a la vez sean reposadas. Las manualidades para estos niños son mano de santo, les tiene ocupados en un ambiente tranquilo y satisfacen su necesidad de actividad con la manipulación de tijeras, cartulinas, colores, pinturas, lazos... Para amansar a sus fieras, a muchas mamás, les funciona esto de enseñar a sus hijos a desempeñar estas tareas manuales, y también animarles a ayudar en las tareas de casa como barrer o limpiar el polvo. Encauzan de manera ordenada y tranquila, sus ganas de moverse y de estar ocupados.  
Juegos para niños inquietos
El juego como herramienta de crecimiento
Los niños tienen necesidad de movimiento porque es la forma en la que se relacionan con el medio que los rodea, estructuran su personalidad y desarrollan su intelecto. El movimiento natural de los niños puede ser canalizado a través de juegos y entretenimientos que les permita aprender y crecer tanto psicológica como socialmente.
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El movimiento, para el niño, supone una necesidad fundamental, porque a través de éste se desarrolla física e intelectualmente. Esto es así, debido a que el movimiento antes de que se convierta en automático, exige coordinación neuromuscular y actividad cerebral intensa.

Juegos para niños
Carrera de tortugas

Cada niño con un almohadón. Se colocan en cuatro patas y el cojín encima de la espalda. A una señal deben intentar llegar a la meta al otro extremo del salón, sin que se les caiga el cojín de la espalda. El primero en llegar es el que gana.

Este juego desarrolla fuerza, equilibrio y nociones básicas de reglas.

Buscando el aro

Todos los niños desparramados por la sala o patio dentro de un aro, a la señal, salen de su lugar y comienzan a desplazarse por todo el espacio. A una nueva señal deben ir inmediatamente a sentarse a su sitio dentro del aro. El último tiene un punto en contra. Gana o ganan los que menos puntos tienen luego de varias vueltas.

Con el juego que he descripto se estimula y estructura el desarrollo espacial y temporal, permitiendo al niño asimilar conceptos relacionados con su cuerpo en relación con el medio que lo rodea y en relación con el cuerpo de los demás.
Las actividades propuestas son para que las jueguen niños de aproximadamente 4 años. No quita que niños de más edad y que se los motive convenientemente puedan jugar también. La diferencia es que tal vez pierdan interés más rápidamente




http://www.guiainfantil.com/blog/690/juegos-para-ninos-nerviosos-y-agitados.html
http://www.rcpsych.ac.uk/mentalhealthinfo/translations/spanish/excitableni%C3%B1o.aspx


Emily Palau Asistente en discapacidad-Acompañante terapéutica - Estimuladora temprana-Interprete de LSA

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