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jueves, 20 de septiembre de 2012

ACTIVIDADES PARA NIÑOS CON CEGUERA




 1.     Conocer nombres, funciones y utilidades de las partes del cuerpo.

Los niños y niñas se sitúan en semicírculo alrededor del profesor/a sentados o de pie.  El profesor/a va nombrando distintas partes del cuerpo y los niños/as deben tocarse la parte del cuerpo citada, tan rápidamente como puedan.  Pero en lugar de tocarse simplemente, deben simular que se la lavan o rascan, por ejemplo, lavarse el pelo, o rascarse los dedos de los pies.

2.     Reconocer e identificar el entorno próximo

La actividad se realizará en un aula no muy grande y poco equipada, para empezar.  Se pondrá una cuerda desde un extremo del aula hasta el otro extremo.  Esta cuerda irá uniendo todos los posibles obstáculos que puedan tener los niños ciegos, de manera que progresivamente vayan reconociendo su espacio.  Para tomarlo como un juego y no como una actividad aburrida, se pondrá una música que variará de ritmo según si encuentran objetos, que será más lenta o si no encuentran nada que será más rápida.  Los niños no podrán separarse de la cuerda y deberán llevar siempre el mismo orden.

3.     Desarrollar el control y dominio de la postura

Esta actividad se realizará en grupos de dos.  Los niños/as se sitúan enfrentados, a una distancia no superior a medio metro y tocando cada uno el hombro de su  compañero ligeramente.  La disposición en el espacio será de tres o cuatro parejas máximo en cada fila, para que el profesor/a los pueda controlar a todos, y en caso de que alguno pierda el control o la orientación asistirlo.  El profesor/a dará unas instrucciones muy fáciles a los niños, como son: 
-           Cada componente tendrá un número, uno será el “1” y otro e “2”, el profesor antes de dar una orden, dirá el número al que va dirigida.
-           Cuando el profesor/a de una palmada, el niño tendrá que agacharse, sin perder nunca el contacto táctil con su compañero
-          Cuando de dos palmadas, tiene que ponerse de rodillas.
-          Cuando  de tres palmadas, se pondrá de pie y en vez de tocarle el hombro al compañero, tocará sus pies, (de forma que la postura del niño irá siendo cada vez más complicada, ya que no puede perder el contacto con su compañero).
-          Y por último, cuando ponga una música, los niños se pondrán de pie, se cogerán de las manos y empezarán a saltar, bailar o lo que les apetezca, siempre sin perder el contacto.
Estas órdenes no tienen por qué seguir este orden, pueden alternarse del modo en que se quiera, pero siempre teniendo en cuenta su discapacidad.

4.     Controlar los distintos segmentos corporales y descubrir y afirmar la lateralidad

Un ejercicio adecuado para controlar los distintos segmentos corporales puede ser el juego de tocarse con la mano derecha la oreja izquierda y con la izquierda la nariz, y posteriormente viceversa, pero tiene que hacerse de forma continua.  Este ejercicio serviría para las extremidades superiores, y en cuanto a las inferiores, lo que se puede hacer es sentar al niño en una silla no muy alta, para que llegue con los pies al suelo y cruzar las piernas una vez por arriba, (primero con la derecha y luego con la izquierda) y otra vez por abajo.

5.     Fomentar la mejora del equilibrio

Dividir la clase en grupos de cinco o seis aproximadamente. Cada grupo forma un círculo, cogidos de las manos.  Se coloca un aro entre dos niños, los cuales están cogidos de la mano a través de éste, de modo que el aro queda colgando en sus brazos.  El objetivo del juego es pasarse el aro entre todos ellos sin soltarse las manos y pasando por dentro del aro.  Se podrán utilizar dos o tres aros a la vez para no tener que esperar tanto tiempo y hacer que el juego sea más activo.  Los aros deberán ser lo suficientemente grandes como para que los niños puedan pasar sin mucho problema.

6.     Desarrollar los sentidos auditivo y táctil

Se ponen todos los niños en fila, el profesor/a se pone en la cabeza de la fila, y orientado hacia los niños. La misión del profesor/a  en esta actividad será la de ir hacia derecha e izquierda de la fila y llamando a los niños.  A cada lado de la fila, habrá una serie de cajas que contendrán objetos como por ejemplo, unas gafas, una botella pequeña, un libro, un teléfono... El niño tendrá que llegar hasta las cajas y buscar en ellas el objeto que le diga el profesor.  Las cajas no contendrán más de cuatro o cinco objetos, ya que sino, sería muy difícil y aburrido para el niño. 

7.     Mejorar el control respiratorio

 Una serie de actividades interesantes y eficaces para mejorar el control respiratorio, pueden ser por ejemplo, darle a cada niño un globo, un silbato, decirles que simulen que están apagando las velas de su tarta de cumpleaños, que huelen una flor o un perfume y que huele muy bien, que respiren como cuando están llorando...  todas estas actividades fomentan de manera efectiva la respiración.   

8.     Realizar desplazamientos adecuándoles o ritmos sencillos

Para este tipo de habilidad se puede utilizar una actividad parecida a la nº 2,

9.     Disfrutar con el juego sin inhibiciones y con la presencia de los otros

Se divide a los niños/as en grupos de seis.  Éstos forman dos filas de tres y se colocan a cuatro patas muy juntos de manera que las espaldas queden horizontales como si fuera una mesa.  Colocamos una manta encima de sus espaldas.  Entonces, cada grupo deberá recorrer una distancia determinada muy lentamente, sin separarse y sin que se caiga la manta.  Para hacer la actividad más divertida, se puede recubrir la manta con belcro y mientras los compañeros pueden ponerles encima ositos de peluche, pelotas de pelo... de manera que al final del camino, los grupos se queden lo que han recibido.

viernes, 3 de febrero de 2012

Detección de la sordera infantil


En términos médicos la sordera es llamada hipoacusia, que quiere decir, falta de audición total o parcial. Es uno de los problemas más graves que pueden afectar a un niño. Los padres deben observar el comportamiento del bebé durante sus primeros meses de vida ante los estímulos sonoros. Durante los dos primeros meses de vida el recién nacido parpadea, se despierta o se asusta ante ruidos fuertes y de alta intensidad; la voz de su madre es capaz de tranquilizarlo y pone atención en escucharla. A los 3 y 5 meses de vida dirige la mirada y gira la cabeza hacia la fuente de sonido y entre los 6 y 9 meses es capaz de buscar la fuente de la voz o del sonido moviendo la cabeza y el cuerpo para observarla. Los padres deben consultar de inmediato al Pediatra si piensan que su hijo no oye bien.
La consecuencia más grave de la sordera, sino se detecta a tiempo, es la ausencia del lenguaje. Un niño sordo puede tener un desarrollo aparentemente normal hasta los 18 o 24 meses de vida, en los que, un retraso en la adquisición del lenguaje puede ser normal, por lo que se puede pasar por alto que el niño sea sordo. El problema de una detección tardía es que estos niños no hablan porque no oyen, por lo que la detección y el tratamiento deben ser lo más precoces posibles para que el niño desarrolle el lenguaje.
Los signos de alarma en el desarrollo del lenguaje que deben hacer sospechar de la presencia de una hipoacusia son:
6 meses: no emite sonidos ni balbucea
12 meses: no oye sonidos (timbre, teléfono), no reconoce su nombre
15 meses: no imita palabras simples
24 meses: no dice palabras (10)
36 meses: frases de dos palabras
48 meses: frases sencillas

La sordera no afecta solamente al niño, sino a todas las personas que le rodean: familiares, amigos y profesores. Es por este motivo que su detección precoz debería ser una prioridad.

Causas de la sordera en el recién nacido

Aproximadamente de 1 a 3 de cada 1000 recién nacidos son sordos. A grandes rasgos la mitad de los casos de sordera en el recién nacido son de causa hereditaria o genética (generalmente son los casos más graves). Por ello es importante informar al Pediatra si existe algún caso de sordera en la familia. Algunas formas hereditarias de sordera asocian otras malformaciones o problemas físicos como el síndrome de Waandenburg o el de Usher. Otras causas que pueden producir sordera en el recién nacido son las infecciones intrauterinas o los efectos secundarios de algunos medicamentos si se toman durante el embarazo.
El 80% de las sorderas infantiles están presentes en el nacimiento y el 95% de los niños sordos nacen en familias sin antecedentes de sordera.

Factores de riesgo de sordera en los niños

Existen factores que hacen necesario un cribaje de sordera cuando el niño nace y son niños que deben ser seguidos de cerca por el Pediatra y sus padres.
Los factores de riesgo en el recién nacido son: antecedente familiar de sordera, infecciones intrauterinas (citomegalovirus, rubeola, sífilis, toxoplasmosis o herpes), malformaciones de la cabeza y el cuello, hiperbilirrubinemia grave, prematuridad y peso por debajo de los 1.500 gr, meningitis neonatal, toma de fármacos ototóxicos durante del embarazo, puntuación de APGAR bajo al nacer, ingreso en la UCI neonatal con ventilación mecánica durante más de 5 días y síndromes genéticos que asocian sordera.
Aproximadamente un 30% de las sorderas aparecen tardíamente cuando el niño es mayor de dos años. A partir de los dos años la observación del niño por parte de sus padres y educadores es fundamental para detectar precozmente la hipoacusia. Los factores de riesgo para padecer sordera en el niño mayor son: otitis media o serosa recurrente durante más de tres meses, traumatismo craneoencefálico grave, retraso en la adquisición del lenguaje, meningitis o uso de medicamentos ototóxicos.


Consecuencias del retraso en el diagnóstico de la sordera

Existen consecuencias a varios niveles:
Aprendizaje: el niño presenta un retraso en los aprendizajes en la escuela, no muestra interés por las actividades y tiene dificultad de memorizar canciones o poemas. El profesor puede notar que el niño no es capaz de recordar las indicaciones que se le han dado, que copia las actitudes de sus compañeros y le cuesta mucho aprender conceptos nuevos. Normalmente las relaciones con el resto de alumnos no son buenas y tiende al aislamiento.
Lenguaje: su desarrollo es muy lento o inexistente, utiliza unas estructuras lingüísticas muy sencillas y no se le entiende cuando habla. Tiene problemas de dicción y le cuesta aprender palabras nuevas o relatar una historia. El niño con un déficit en la audición tiene problemas para leer y escribir.
Relaciones sociales: tiene un periodo de concentración muy corto, le cuesta mantener una conversación larga, no participa en los juegos con otros niños, se distrae con frecuencia, no le entretienen las películas ni los cuentos relatados, dice mucho “¿qué?”, parece que no obedece las órdenes que se le dan verbalmente. Muchas veces se etiqueta a estos niños como muy movidos, desobedientes y distraídos.


¿Cómo se diagnostica la sordera en el recién nacido?

Hoy en día está ampliamente aceptado que la detección de la hipoacusia infantil dentro del primer mes de vida, diagnosticarla a los 3 meses e iniciar el tratamiento en los primeros 6 meses, son básicos para evitar o minimizar importantes alteraciones en el niño. La única manera de alcanzar este objetivo es mediante la implantación del cribado auditivo universal a todos los recién nacidos.

Se utilizan dos métodos para evaluar la capacidad auditiva del bebé:
Otoemisiones acústicas (OEA): evalúa el funcionamiento del oído interno cuando es estimulado. Es una prueba muy sencilla que sirve para el cribado de la sordera en el recién nacido y que debería realizarse a todos los bebés al nacer.
Potenciales auditivos evocados (PEA): examina la respuesta eléctrica del cerebro al sonido para evaluar si el oído funciona correctamente. Es la prueba que da el diagnóstico definitivo.

La incorporación de la detección precoz de hipoacusia en recién nacidos persigue:
Identificar desde el nacimiento cualquier deficiencia auditiva.
Iniciar el tratamiento y rehabilitación precoz.
Permitir el mejor desarrollo del lenguaje oral.
Conseguir la integración del niño/a con discapacidad auditiva.
Mejorar su comunicación, desarrollo intelectual, emocional, social, rendimiento escolar y su futuro profesional.

Tratamiento

Cuando el niño es diagnosticado de hipoacusia el tratamiento debe ser multidisciplinar con la colaboración del pediatra, otorrino, logopeda, psicólogo y audioprotesistas. Es fundamental en el momento del diagnóstico la colaboración con la escuela y la ayuda de las asociaciones de sordos de cada Comunidad Autónoma.
El tratamiento consiste en la estimulación precoz del niño, un tratamiento logopédico adecuado y un tratamiento audioprotésico mediante audífonos o implante coclear.


Los implantes cocleares

Un implante coclear es un dispositivo electrónico que puede ayudar a oír a personas que sean sordas. No restablece la audición normal, sino que proporciona al niño sordo una comprensión útil de los sonidos ambientales y le ayuda a comprender el habla. Es decir, tiene una función completamente diferente a un audífono, cuya función es tan solo, amplificar los sonidos para que el oído pueda detectarlos. Los implantes cocleares estimulan directamente al nervio auditivo, evitando el oído dañado, por lo que la audición por medio de un implante coclear lleva un periodo de aprendizaje.
El implante tiene dos partes: una externa que se sitúa detrás de la oreja, y una interna que se coloca debajo de la piel mediante una pequeña intervención quirúrgica. Este complejo dispositivo viene equipado con:
Micrófono: capta los sonidos del ambiente
Procesador del habla: selecciona y organiza los sonidos que capta el micrófono
Transmisor y receptor/estimulador: reciben las señales del procesador del habla y las convierten en impulsos eléctricos
Electrodos: recogen los impulsos del estimulador y los envían al nervio auditivo


Los niños que pueden recibir implantes cocleares son aquellos que presentan graves dificultades auditivas; lo más adecuado es implantarlo lo más precozmente posible. Este dispositivo les proporcionará la capacidad de conversar sin necesidad del lenguaje de signos ni de leer los labios.


Dra. Esther Martínez García
Especialista en Pediatría
Médico consultor de Advance Medical

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